Una aclaración necesaria
He tratado de seguir una línea coherente en todos mis relatos, combinando los hechos acontecidos en Cuba —poco o nada contados— con mis propias vivencias relacionadas con ellos, siguiendo un orden más o menos cronológico a partir de mi nacimiento. Y precisamente cumplí rigurosamente con esta disciplina en la primera parte de este capítulo. Sin embargo, a partir de la segunda entrega he tenido que variar un tanto esta tendencia, debido a que el tema tratado, para poder comprenderlo mejor, requiere un análisis y una reflexión mucho más integrales, que abarcan no solo un período concreto, sino una larga etapa de nuestra historia. Espero que el distinguido y paciente lector me disculpe y haya comprendido y aceptado este pequeño desvío en cuanto al estilo de esta obra.
Hecha esta aclaración, podemos continuar con el asunto principal que nos atañe: los incontables proyectos concebidos en Cuba en diferentes etapas de su historia que irremediablemente desembocaron en un rotundo fracaso. Y en esta ocasión, nos referiremos a la etapa postrevolucionaria.
«Los elefantes blancos»
Según una antigua leyenda de Siam —actual Tailandia—, los reyes de aquel territorio tenían la curiosa costumbre de regalar elefantes blancos (albinos) a aquellas personas a quienes realmente detestaban, con el propósito de llevarlas a la ruina al no poder afrontar los elevados costos de mantenimiento de aquellos colosales animales que, por otra parte, no les aportaban ningún beneficio.
Tomando este símil como referencia, se le dice también «elefante blanco» a un proyecto constructivo o de mantenimiento que tiene un impacto negativo para un país, región o comunidad, debido a que queda abandonado o inconcluso porque sus elevados costos o su escasa viabilidad superan ampliamente los beneficios que podría aportar o porque, como el citado animalito, únicamente ocasiona problemas a su propietario.
Y son precisamente los «elefantes blancos» del máximo líder de la Revolución cubana los protagonistas de esta tercera parte de la serie.
Aquellos mal recordados y colosales proyectos del célebre Comandante en Jefe, surgidos de una mente onírica, delirante y con ansias de grandeza, respaldada por un poder absoluto en la toma de decisiones, condujeron a su laboratorio exclusivo, Cuba, de un fracaso a otro, comprometiendo gravemente su prosperidad y desarrollo durante décadas, con consecuencias que se extienden hasta nuestros días.
Cinco Proyectos fracasos que removieron a Cuba
En realidad, fueron muchos más, pero, solo a modo de ilustración y para no extender demasiado esta historia, nos referiremos a cinco de los más relevantes y catastróficos proyectos fracasos, que influyeron negativamente en el desarrollo económico y social cubano, con profundas repercusiones en todo el país y en el nivel de vida de sus ciudadanos.
Tan temprano como en aquellos primeros meses de 1959, después de la euforia inicial del triunfo de la Revolución, en uno de aquellos interminables discursos que el líder revolucionario acostumbraba a pronunciar en cualquier lugar, por cualquier motivo y en cualquier momento, se refirió por primera vez al increíble proyecto de desecar uno de los mayores humedales del Caribe, la Ciénaga de Zapata, con una extensión de unas 300.000 hectáreas, para convertirlas en «productivos campos de arroz», según sus propias palabras.
De inmediato y como siempre, sin aceptar objeciones, dispuso que más de un centenar de técnicos cubanos, holandeses y soviéticos se dieran a la tarea de realizar las investigaciones necesarias para llevar adelante aquella delirante idea. Después de numerosos estudios, los expertos concluyeron que aquel proyecto traería al país muchos más perjuicios que ventajas, pues perjudicaría de forma irreversible el ecosistema de una amplia región del centro del país y afectaría sensiblemente a las industrias camaronera, langostera y esponjera, establecidas desde hacía mucho tiempo y que proporcionaban una nada despreciable entrada de divisas. Por otra parte, la desecación también afectaría a numerosos terrenos agrícolas productivos de las entonces provincias colindantes de Matanzas, Las Villas y La Habana, al aumentar la salinidad de sus suelos, además de incrementar considerablemente el riesgo de incendios forestales.
Por suerte, aquel proyecto no prosperó y engrosó, como muchos otros, el extenso archivo del olvido, aunque dejó tras de sí un costo considerable en tiempo y recursos dedicados a intentar llevarlo a la práctica.
Llevado por su siempre latente delirio de grandeza, a mediados de 1960, el máximo dirigente revolucionario quiso convertir al país en el mayor exportador de cítricos del mundo, superando incluso a Israel, nación que en aquel entonces ostentaba ese liderazgo. Para ello, concibió el Plan de cítricos de la Isla de la Juventud (antigua Isla de Pinos).
Del dicho al hecho solo fueron instantes. Rápidamente convocó a estudiantes de 37 países, quienes debían combinar sus estudios con el trabajo en los campos de cítricos de la Isla de la Juventud —la cual tomó este nombre a partir de este proyecto—, que rodeaban las instalaciones escolares construidas para tales fines a un costo bastante elevado.
A pesar de los numerosos esfuerzos y gastos realizados durante más de dos décadas, la producción cubana de cítricos jamás logró superar a la de Israel, nación que se había tomado como referencia para aquel ambicioso proyecto.
En 1988, había en el territorio un total de 18.600 estudiantes, entre cubanos y procedentes de diversos países de África, Asia y América Latina, albergados en 61 escuelas bajo el principio de combinar el estudio con el trabajo agrícola, dedicados fundamentalmente a la atención de las plantaciones de cítricos.
Tras la desaparición de la Unión Soviética y el derrumbe del campo socialista a principios de la década de 1990, la profunda crisis económica también afectó sensiblemente la producción de cítricos. Los cultivos sufrieron las consecuencias de la escasez de suministros esenciales, las plagas, los huracanes y la sequía, a lo que se sumaron los problemas de infraestructura y la retirada masiva de estudiantes, quienes constituían su principal fuerza de trabajo.
Resultado: La sostenibilidad de aquel ambicioso proyecto fue deteriorándose paulatinamente hasta que terminó convertido en el recuerdo de otro gran fracaso histórico cubano.
El Cordón de La Habana fue otro de los grandes proyectos fracasos emprendidos por iniciativa y bajo las orientaciones de Fidel.
Concebido, planificado y orientado por el máximo líder cubano, el proyecto comenzó a ejecutarse en abril de 1968, acompañado de un descomunal despliegue publicitario, y consistía en sembrar plantas de café de la variedad Caturra, intercaladas con árboles frutales, en la periferia de La Habana.
Para poder acometer aquella gran locura, se convocaba diariamente a miles de voluntarios habaneros de todas las zonas de la provincia, quienes, al participar en estas labores, debían desatender sus ocupaciones habituales, con la consiguiente afectación económica. Pero, además, se incurrió en enormes gastos de transportación, avituallamiento y alimentación para trasladarlos y mantenerlos en las zonas de cultivo.
Se llegaron a sembrar 19.000 hectáreas de terreno, con un total de 39.400.613 matas de café y 908.389 árboles frutales y plantas de otros tipos, destinados a proporcionar sombra a los cafetos.
Pero el resultado fue que las plantas de café no prosperaban debido a las condiciones inapropiadas de los suelos, la sequía, la falta de regadío y la incidencia de otras plantas, como el gandul, que, según lo planteado, competían con los cafetos por los recursos del suelo, contribuyendo a su debilitamiento y posterior desaparición.
Poco tiempo después, todas murieron y aquel proyecto también quedó en el olvido.
Es indudable que el mayor proyecto fracaso impulsado por el delirante líder cubano fue la denominada Zafra de los Diez Millones.
Como siempre, buscando romper todos los récords históricos de producción de azúcar de caña alcanzados hasta la fecha, concibió y dirigió casi personalmente este colosal proyecto, que estremeció a todo el país desde sus cimientos al concentrar prácticamente todas sus prioridades y esfuerzos en alcanzar aquella meta durante dos largos años. Para ello, se emplearon enormes recursos materiales y humanos, acompañados de un fabuloso despliegue publicitario a través de todos los medios informativos oficiales.
Desde finales de 1969, comenzó la movilización de miles de ciudadanos hacia los campos de caña, posponiéndose incluso la celebración de las tradicionales fiestas navideñas, las cuales, curiosamente, no volvieron a celebrarse hasta casi tres décadas después.
De forma rimbombante, se bautizó el año 1970 como «Año de la Zafra de los Diez Millones». Participaron directa o indirectamente en las labores de la zafra casi un millón de personas, de ellas, 350.000 macheteros, de los cuales solo 50.000 eran cortadores de caña profesionales. Incluso, a raíz de aquel proyecto, surgió el grupo musical Los Van Van, cuyo nombre hacía alusión a una de sus consignas principales:
«… Los diez millones van. Y de que van, van…».
Resultado: la producción final en 1970 fue de 8.537.639 toneladas métricas de azúcar, bastante lejos del objetivo trazado y relativamente cercana a la obtenida en 1952, cuando, sin tantos aspavientos, se alcanzaron 7.298.023 toneladas, durante una zafra que comenzó bajo el gobierno de Carlos Prío Socarrás y concluyó bajo el de Fulgencio Batista. Este rotundo fracaso provocó un severo descenso en la producción de los restantes renglones agropecuarios del país y una afectación económica general de gran magnitud. Como colofón, al año siguiente el Gobierno impuso un severo racionamiento del consumo de azúcar de la población, cuyos niveles anteriores nunca más se recuperaron.
Al igual que otros muchos proyectos, la Autopista Nacional, concebida como una gran vía rápida de ocho carriles que se extendería por toda la isla, de Oriente a Occidente, también quedó inconclusa. En la práctica, solo se lograron terminar dos de sus ramales: A1 y A4.
La Autopista A1 constituye el ramal oriental de la Autopista Nacional, concebido para conectar La Habana con el centro y el oriente del país. Originalmente, se proyectó con una longitud aproximada de 900 kilómetros, de los cuales solo se construyeron y se encuentran operativos 448 kilómetros, distribuidos en tres tramos separados entre sí:
1. Tramo principal: La Habana – Santa Clara – Sancti Spíritus – Taguasco (354 km).
2. Tramo de Santiago: Palma Soriano – Santiago de Cuba (53 km).
3. Tramo de Guantánamo: La Maya – Guantánamo (41 km).
El resto de las provincias intermedias, como Ciego de Ávila, Camagüey y Las Tunas, permanecen desconectadas de la Autopista Nacional, por lo que el tráfico debe desviarse hacia la Carretera Central.
La Autopista A4 constituye el ramal occidental de la Autopista Nacional, que conecta La Habana con la provincia de Pinar del Río, y es conocida popularmente como Autopista Este-Oeste. Su recorrido atraviesa las actuales provincias de Mayabeque, Artemisa y Pinar del Río.
Fue concebida desde el inicio para cubrir la distancia entre ambas capitales provinciales, calculada en unos 156 kilómetros, y quedó completada e inaugurada en diciembre de 1989. Sin embargo, aunque el proyecto original contemplaba ocho carriles, solo cuenta con seis desde La Habana hasta Guanajay, en la actual provincia de Artemisa, reduciéndose a cuatro desde Guanajay hasta la ciudad de Pinar del Río.
La construcción de la Autopista Nacional comenzó en la década de 1970, contando con el apoyo de cuantiosos subsidios de la Unión Soviética. Sin embargo, se vio severamente afectada hasta quedar prácticamente paralizada en la década de 1990, con la llegada del llamado Período Especial. Casi veinte años de construcción, y más de la mitad de lo proyectado quedó inconcluso.
En cuanto a su costo, el Gobierno cubano nunca ha publicado una cifra oficial que refleje el monto total acumulado del proyecto. Solo se conocen los costos parciales de algunos tramos. Por ejemplo, la construcción del ramal A4, entre La Habana y Pinar del Río, tuvo un costo de 110,7 millones de pesos de la época.
Solo para que se tenga como referencia de lo planteado:
La construcción de la Carretera Central, con una longitud de 1.140 kilómetros, se inició el 2 de marzo de 1927, bajo el gobierno de Gerardo Machado, y concluyó con su inauguración el 24 de febrero de 1931. Su construcción demoró apenas tres años y once meses, a un costo aproximado de 111 millones de pesos de la época, y permitió conectar la isla de punta a punta.
Epílogo
Como ya mencionamos, existieron otros muchos proyectos fracasos ideados, concebidos y llevados a la práctica por el líder cubano, la mayoría de ellos prácticamente sacados de un «cuento de hadas» o concebidos como sueños idílicos e irrealizables, solo propios de una mente como la suya. La Central Termonuclear de Juraguá, en Cienfuegos; el Plan Costa Sur, entre las playas Mayabeque y Rosario; la Brigada Invasora Che Guevara, de Oriente a Occidente; las Escuelas al Campo y las Escuelas en el Campo; los Maestros Emergentes; la Revolución Energética; la Marina Mercante Cubana; la Flota Cubana de Pesca; los proyectos de desarrollo porcino y ganadero; la introducción del pez claria; la construcción de enormes presas y la desaparición de ríos; la plantación de moringa... ¡y tantos otros!
Estos proyectos absurdos, muchos de ellos incluso ridículos, fueron criticados en numerosas ocasiones por funcionarios y otras altas figuras del Gobierno, a quienes tales cuestionamientos terminaban costándoles irremediablemente sus puestos, sin posibilidad de retorno. Y ello ocurría incluso cuando, posteriormente, el propio dirigente reconocía el rotundo fracaso de sus iniciativas, como sucedió con la Zafra de los Diez Millones —su fracaso cumbre—, cuando, tras reconocer el desastre ocasionado, llamó a «convertir el revés en victoria».
Sin embargo, lo que en cualquier otro país del mundo habría provocado la renuncia de su presidente y de todo su gabinete, en nuestro país quedaba rápidamente en el olvido, como si se tratara de hacer «borrón y cuenta nueva», para dar paso a otro «gran proyecto», igualmente ambicioso, irrealizable y condenado a perecer por su inviabilidad práctica, económica o social.
Nada, que si hubiera existido un campeonato mundial de Proyectos fracasos, Cuba se habría llevado los primeros lugares.
Partes anteriores:







