Desde el mismo instante de mi nacimiento hasta el presente, he sido testigo presencial —y a veces no tan presencial, debido a mi corta edad— de la fluctuación que ha tenido la circulación del dólar norteamericano en Cuba o, hablando en buen cubano, del “cachumbambé” que ha seguido la ansiada moneda verde en nuestro país, atendiendo a la semejanza con esta especie de balancín que está presente en los parques de entretenimiento infantil.
Pero, haciendo un poco de historia, este “Ser o No Ser” (To be, or not to be) de la moneda estadounidense en la isla antillana se remonta a finales del siglo XIX, cuando, en 1898, se produjo el desembarco de los marines norteamericanos que intervinieron en el último conflicto independentista de los cubanos contra España. Debido a ello, Cuba se convirtió en el primer país dolarizado del mundo, ya que desde inicios del siglo XX el dólar se transformó en la moneda de todas las transacciones oficiales cubanas y en el tipo de cambio referencial en la isla.
Una década después, Cuba estableció un sistema monetario propio a partir de la promulgación, por el entonces Gobierno de Mario García Menocal, de la Ley de la Moneda, en octubre de 1914, que declaraba oficialmente el peso cubano (CUP) como unidad monetaria, con paridad de 1 peso cubano = 1 dólar estadounidense. En 1915 comenzaron a acuñarse las primeras monedas cubanas en la Casa de la Moneda de Filadelfia (EE. UU.), ya que en ese entonces Cuba no contaba con una casa de moneda propia.
Desde su creación, el peso cubano se fijó en paridad absoluta con el dólar, y esa equivalencia se mantuvo durante más de 40 años. En la práctica, era común que ambas monedas circularan juntas: los precios se expresaban en pesos cubanos, pero era perfectamente válido pagar en dólares; incluso las cuentas bancarias y depósitos se llevaban en ambas divisas.
Después de 1959, esa paridad se mantuvo unos años más, pero empezó a cambiar progresivamente hasta que, en agosto de 1961, el nuevo Gobierno revolucionario promulgó la Ley No. 963, que estableció el canje obligatorio de los billetes anteriores a 1959 por otros de nuevo diseño, denominados “pesos revolucionarios cubanos”.
Tras este canje forzoso, el dólar pasó a “No ser” y se esfumó oficialmente. Su tenencia, así como la de otras monedas extranjeras, se convirtió en un delito grave que privaría de su libertad a no pocos cubanos. La divisa foránea fue penalizada, aunque, en la práctica, el dólar nunca dejó de circular de manera informal.
Recuerdo perfectamente que en la década de los años setenta, mientras estudiaba mi carrera de ingeniería en la CUJAE, muchos estudiantes extranjeros becados en el centro vendían dólares a estudiantes cubanos, quienes los utilizaban para comprar prendas de vestir y diversos artículos electrodomésticos en las tiendas en divisas que se encontraban en los hoteles y estaban destinadas a la venta a turistas. Por supuesto, esto lo hacían con la complicidad de los propios trabajadores de las tiendas —también cubanos—, quienes obtenían beneficios por estas ventas consideradas ilícitas por el Gobierno. De esta forma, algunos compatriotas tenían acceso a artículos “prohibidos” para la gran mayoría del pueblo, que luego se revendían a precios elevados en moneda nacional.
Esta situación permaneció en el país por más de 30 años, hasta la caída de la Unión Soviética y el bloque socialista, a inicios de los años noventa del pasado siglo, cuando la economía cubana entró en el denominado “Período Especial” y el dólar salió de la clandestinidad, impulsado por las reformas económicas del Gobierno tras la pérdida de sus socios comerciales habituales.
El 13 de agosto de 1993, se dio a conocer el Decreto-Ley No. 140 del Consejo de Estado, que despenalizó la tenencia y el uso de divisas convertibles por parte de los ciudadanos cubanos. A partir de ese momento, se permitió poseer dólares, conservarlos en cuentas bancarias y comprar en las tiendas que hasta entonces eran solo para diplomáticos y extranjeros. Se excarcelaron también las personas que cumplían sanciones por tenencia de divisas. Esto marcó el inicio efectivo de la primera “dolarización” parcial del país durante la etapa posrevolucionaria e incentivó nuevamente el mercado informal, en el que la moneda estadounidense llegó a cotizarse hasta en 150 pesos cubanos, algo sorprendente en aquellos momentos. Así, el dólar salió una vez más airoso a la palestra pública y pasó nuevamente a “Ser”.
El 20 de diciembre de 1994, el Gobierno anunció la entrada en circulación del peso convertible (CUC) para realizar operaciones en divisas, aunque por el momento no se eliminó la circulación de otras monedas convertibles autorizadas.
El 15 de octubre de 1995 se abrieron las primeras casas de cambio (CADECA) estatales en La Habana, que vendían los pesos convertibles (CUC, equivalentes en ese momento a un dólar) a un precio de uno por 30 CUP. Este tipo de cambio permaneció hasta el 17 de agosto de 1996, cuando entró en vigor un nuevo tipo de cambio que establecía la compra del dólar a 21 CUP y la venta del CUC a 23 CUP. Por supuesto, no se permitía la compra del dólar a ningún precio.
Esta convivencia de dólares, CUC y CUP duró hasta noviembre de 2004, cuando nuevamente el Gobierno tomó medidas para reducir la circulación del dólar en efectivo en el comercio interno, anunciando que no se aceptarían operaciones comerciales en dólares a partir del 8 de noviembre, además de imponerse una carga o sobreprecio del 10 % a los dólares en efectivo al entrar al sistema bancario. Aunque no se ilegalizó la tenencia del dólar, sí se derogó nuevamente su uso en el sistema comercial cubano, donde solo sería válido el CUC, pasando la polémica moneda norteamericana, una vez más, a “No ser”. Esta política se mantuvo durante muchos años como forma de desalentar el uso de billetes estadounidenses y recuperar poder sobre la liquidez en moneda nacional.
El 18 de marzo de 2005, se revalorizó un 7 % el CUC con relación al dólar. Se estableció su venta abierta a 24 CUC por dólar y su compra a 25 CUP.
Nuevamente, en octubre de 2019, el Gobierno abrió las primeras tiendas con pago exclusivamente en divisas para la comercialización de artículos de alta demanda. Entre ellos estaban los electrodomésticos, las partes y piezas de automóviles y las motocicletas. El 20 de julio de 2020, la venta de mercancías en divisas se extendió a productos básicos como alimentos y artículos de aseo y limpieza. Aunque una vez más salió a la luz el uso del dólar en el mercado interno, este solo fue indirecto, a través de la utilización de tarjetas de débito que se recargaban en los bancos cubanos o en agencias cubanas en el exterior. Entonces, el dólar volvió una vez más a “Ser”, aunque de forma parcial.
El 10 de diciembre de 2020, los principales dirigentes del Gobierno y el Partido Comunista de Cuba anunciaron la salida de circulación del CUC a partir del 1.º de enero de 2021 y la consolidación de la reunificación monetaria, con el establecimiento de una tasa única de cambio de 24 CUP por dólar estadounidense. Esto puso fin formal al sistema de doble moneda (CUC/CUP) que había coexistido desde 1994, quedando el CUP como moneda única nacional; sin embargo, el papel del dólar y otras divisas siguió siendo relevante en la práctica.
En junio de 2021, el Gobierno suspendió temporalmente la aceptación de depósitos en efectivo en dólares estadounidenses en los bancos nacionales, alegando dificultades para usar esos billetes en el sistema financiero internacional por sanciones y restricciones. Esta medida afectó la posibilidad de ingresar físicamente dólares en bancos cubanos. Nuevamente, la moneda de la discordia en Cuba pasó a “No ser”, aunque no por mucho tiempo. En abril de 2023, se revirtió esa prohibición y el Banco Central de Cuba volvió a permitir depósitos en dólares en efectivo, por la fuerte necesidad de captar liquidez.
Finalmente, desde finales de 2024 y comienzos de 2025, se produjo en el país una expansión nunca antes vista de tiendas y servicios que funcionan en dólares: apertura de supermercados y gasolineras que aceptan dólares estadounidenses en efectivo o tarjetas vinculadas a cuentas en moneda extranjera, en el marco de nuevas medidas para captar urgentemente divisas y hacer frente a la inmensa crisis económica. Aunque, según los medios oficialistas, no se trata de una “liberalización total” del uso del dólar en el país, evidentemente estamos en presencia de otra obligada “dolarización”. Felizmente, la célebre “moneda del enemigo” vuelve a tomar protagonismo y convertirse nuevamente en “Ser”.
En estas altas y bajas de la presencia del dólar en Cuba, el pueblo ha sido quien mayormente ha sufrido las consecuencias. Las diferencias sociales se arraigan aún más en un país en crisis, donde su propia moneda no cumple ningún papel en la vida cotidiana. Las personas se dividen entre quienes tienen acceso a esa moneda y quienes no, pues su elevado valor la hace prohibitiva para muchos, ya que actualmente alcanza la astronómica cifra de 460 CUP por dólar, en el mercado informal. Sigamos entonces su inestable e impredecible trayectoria y esperemos que esta vez la ansiada moneda “Sea” por mayor tiempo.




