Capítulo LX: Las Dinastías Gobernantes en Cuba

0

Iamgen que representa las Dinastías Cubanas.





Desde muchos años atrás, cuando cursaba la enseñanza media en aquella vetusta instalación que antes fuera un Convento de monjas, ubicada en el corazón del histórico barrio de Jesús María, escuché por primera vez de labios de mi carismática profesora de Historia Universal la palabra dinastía, definida como “una serie de príncipes soberanos pertenecientes a una misma familia”. En aquella ocasión —según recuerdo— mi mente solo se ocupó de retener aquel término para un futuro examen. Sin embargo, grande sería mi sorpresa al descubrir, con el paso de los años, que aquel concepto estaría estrechamente ligado a mi vida, a la de mi familia y a la de mis coterráneos.


La profesora continuó explicándonos que las dinastías más famosas de la historia de la humanidad habían surgido en distintos lugares del mundo: los Habsburgo, que dominaron amplios territorios de Europa y América; los Romanov, que gobernaron el Imperio ruso durante más de tres siglos; las dinastías Ming y Qing en China; los Capetos en Francia; el Imperio Mongol, cuya influencia se extendió por Asia, Medio Oriente y Europa oriental; la dinastía Mogol en la India y la Ptolemaica, que, aunque de origen griego, gobernó Egipto durante varios siglos. Todas estas familias expandieron su poder, su influencia y su cultura a lo largo de generaciones sucesivas.



Imágenes de las Pirámides de Egipto como símbolo de una dinástía milenaria.


Años después comprendí que las dinastías no se limitaron exclusivamente a imperios y monarquías. También surgieron las llamadas dinastías políticas, vinculadas a la presidencia de repúblicas tanto democráticas como autoritarias. Entre los ejemplos más conocidos se encuentran:


  • Estados Unidos: John Adams y su hijo John Quincy Adams; William Henry Harrison y su nieto Benjamin Harrison; Theodore Roosevelt y Franklin Delano Roosevelt; George Herbert Walker Bush y su hijo George Walker Bush.

  • Canadá: Pierre Trudeau y su hijo Justin Trudeau.

  • Corea del Norte: Kim Il-sung, Kim Jong-il y Kim Jong-un.


América Latina no ha sido ajena a este fenómeno y ha presentado también varios casos notables, como:


  • Perú: Mariano Ignacio Prado y su hijo Manuel Prado y Ugarteche.

  • Bolivia: Hernando Siles y sus hijos Hernán Siles Zuazo y Luis Adolfo Siles Salinas.

  • Colombia: Misael Pastrana y su hijo Andrés Pastrana.

  • Chile: Eduardo Frei Montalva y su hijo Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

  • Panamá: Omar Torrijos y su hijo Martín Torrijos.

  • Costa Rica: José Figueres Ferrer y su hijo José María Figueres Olsen.


Es decir, la participación de miembros de una misma familia en la conducción política de una nación a lo largo de distintas generaciones no ha sido un hecho inusual, sino una constante presente desde tiempos remotos hasta nuestros días.


Sin embargo, en el caso de Cuba, la tendencia dinástica ha sido excepcionalmente rara y solo se ha manifestado en dos ocasiones. La primera ocurrió durante la llamada República en Armas, cuando Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo fue proclamado Presidente de la República en la Asamblea de Guáimaro en abril de 1869, cargo que ejerció durante cuatro años. Décadas después, el 13 de agosto de 1933, su hijo Carlos Manuel de Céspedes y Quesada ocupó brevemente la presidencia de la República hasta el 5 de septiembre de ese mismo año.



Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo.

Carlos Manuel de Céspedes y Quesada.


El segundo caso se produjo veintiséis años después, con el triunfo de la Revolución, cuando se instauró la dinastía considerada más prolongada de la historia de Cuba: la dinastía de los Castro, que se extendió desde 1959 hasta 2018 y que, de alguna manera, continúa proyectando su influencia aun cuando hoy existe otro presidente.


Fidel Alejandro Castro Ruz asumió el cargo de Primer Ministro de la República de Cuba el 16 de febrero de 1959, convirtiéndose en la máxima autoridad ejecutiva tras el triunfo revolucionario. Ocupó ese puesto ininterrumpidamente hasta el 2 de diciembre de 1976, cuando la nueva Constitución lo transformó en Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, equivalente a Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. En julio de 2006, por razones de salud, delegó provisionalmente sus funciones en su hermano Raúl, quien ejerció como presidente interino hasta el 24 de febrero de 2008.



Fidel Alejandro Castro Ruz.


Paralelamente, Fidel Castro fue Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias desde enero de 1959 hasta febrero de 2008, máxima autoridad militar del país. Además, en octubre de 1965 fue elegido Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, cargo que mantuvo hasta 2011 y que constituyó la posición política más poderosa del sistema cubano, incluso por encima del cargo presidencial.


Raúl Modesto Castro Ruz sustituyó oficialmente a su hermano como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros el 24 de febrero de 2008, aunque desde 1959 había fungido como el “número dos” del poder en Cuba. Fue Ministro de las FAR desde enero de 1959 hasta abril de 2011; Viceprimer Ministro entre 1959 y 1976; Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros desde 1976 hasta 2008; y Segundo Secretario del Partido Comunista desde 1965 hasta 2011, año en que asumió como Primer Secretario hasta el 19 de abril de 2021. Desde 1994 hasta la actualidad ostenta además el máximo grado militar del país: General de Ejército.



Raúl Modesto Castro Ruz.


Además de esta concentración de poder en los dos hermanos por casi 60 años, otros miembros de la familia Castro han ocupado —y algunos aún ocupan— cargos relevantes dentro del Estado cubano:


  • Ramón Castro Ruz, Director Nacional de la Reforma Agraria (1959–1963).

  • Vilma Espín, Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (1960–2007).

  • Mariela Castro Espín, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual desde el año 2000 hasta la actualidad.

  • Fidel Castro Díaz-Balart, Jefe del programa nuclear cubano (1980–1992) y Asesor científico del Consejo de Estado (2014–2018).

  • Alejandro Castro Espín, Asesor del Consejo de Seguridad Nacional (2013–2019) y figura clave en asuntos de inteligencia y relaciones con Estados Unidos.

  • Deborah Castro Espín, funcionaria del Ministerio del Interior desde la década de 1990 hasta la actualidad.


En síntesis, durante casi seis décadas la familia Castro instauró en Cuba una de las dinastías políticas más prolongadas de la Edad Contemporánea, solo comparable con el caso de Corea del Norte.


Los ejemplos de concentración del poder en manos de una familia han estado presentes en distintas etapas de la historia universal. En determinados momentos pudieron contribuir a la estabilidad o a la continuidad de proyectos políticos y culturales; sin embargo, con el paso del tiempo, la mayoría de estas dinastías derivaron en sistemas cerrados, autocráticos y ajenos a la voluntad popular. Lejos de garantizar prosperidad, terminaron generando estancamiento, desigualdad y sufrimiento.


El caso cubano no ha sido una excepción a esta regla histórica. Ha demostrado que cuando se impide la alternancia política y se excluyen las ideas diferentes, se erosionan irremediablemente los derechos fundamentales de los ciudadanos. La libertad de expresión, el pluralismo y la diversidad de pensamiento no son concesiones, sino condiciones indispensables para el desarrollo humano y social. Allí donde se niega la posibilidad de disentir y de elegir, el progreso se vuelve una promesa vacía y la historia termina repitiendo, una vez más, sus más dolorosas lecciones.


Tal vez te interesen estas entradas

No hay comentarios